Fernando Chomali: “…soy el primero en estar de acuerdo de que Chile es un país laico y que hay separación de la Iglesia y el Estado, pero ese argumento no vale cuando se trata de defender principios que surgen de la razón, como el derecho primario, original y fundamental que tiene todo ser humano a que se le respete su vida…”.
El hecho de querer marginarnos de este debate que toca los cimientos mismos de la nación, con ese argumento no dará resultado, como tampoco lo dio cuando la Iglesia se preocupó, incluso con la vida de algunos de sus propios miembros, de los que no tenían voz y eran degradados en su dignidad de manera brutal.
Llegó la hora de sincerar el debate y responder a preguntas más de fondo: ¿Podría alguien atribuirse el derecho de decidir respecto de qué vida merece ser vivida y qué vida no merece ser vivida? ¿No será un fracaso de la sociedad terminar con la vida de los más indefensos como solución a problemas reales que, por de pronto, somos los primeros en reconocer?
¿No será que el principio de la solidaridad y el acompañamiento de todo orden a la madre y al hijo son el camino donde se vive con mayor fuerza una sociedad auténticamente democrática y además respetuosa de la Constitución? ¿No será que llegó la hora de leer los libros de embriología de todo el mundo que postulan, y hoy con más fuerza que nunca, por los nuevos conocimientos alcanzados, que al producirse la fecundación se da inicio a un nuevo ser de la especie humana? ¿No será que llegó la hora de respetar las artes médicas en todo su esplendor que enseñan a sanar, cuidar, aliviar, pero nunca a dañar? Y con este nuevo proyecto de ley, ¿habrá que incluir junto al curso de embriología uno de aborto, y, obviamente en este contexto, el día de mañana junto al curso de cuidados paliativos uno de eutanasia?
¿Será que esta ley es el paso de una medicina centrada en el bien de los pacientes a una centrada en el deseo del que puede decidir, que suele ser el más fuerte?
Fernando Chomali
Arzobispo de Concepción

