“Tenemos todo el derecho a pedir justicia, a exigirla, pero por medios justos y respetuosos”

Señaló Mons. Duarte en su homilía.-
Con mucho cariño se congregaron cientos de personas para darle el último adiós a don Eduardo Lara Tapia trabajador de la Municipalidad de Valparaíso quien el pasado 21 de mayo murió trágicamente en el incendio que afectó al edificio ubicado en Avenida Pedro Montt con las Heras.
“Tenemos todo el derecho a pedir justicia, a exigirla, pero por medios justos y respetuosos. Tenemos la obligación moral de exigir que se cumpla el principio jurídico que los derechos de cada uno terminan donde empiezan los derechos del otro”, señaló Mons. Gonzalo Duarte, Obispo de Valparaíso en su homilía en la Misa de funeral de don Eduardo Lara Tapia, funcionario del Municipio de Valparaíso quien falleciera trágicamente en los incidentes del pasado 21 de mayo.

La Eucaristía se celebró en la Iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso, en ella estaban presentes familiares, amigos, compañeros del Municipio porteño y autoridades civiles encabezadas por el Intendente de la Región, Gabriel Aldoney. También había vecinos del sector quienes apenados con lo sucedido también quisieron estar presentes en esta despedida.

Mons. Gonzalo Duarte, en su homilía destacó la persona de don Eduardo Lara y la hermosa y cristiana familia que formó junto a su señora Irma Soto, con quien estaba por cumplir 50 años de cristiano matrimonio. “Este acontecimiento tan lamentable nos ha permitido recibir los hermosos testimonios de sus amigos y vecinos, y de sus compañeros y compañeras de 20 años en la Municipalidad de Valparaíso que nos hablan de un amigo cercano, alegre, respetuoso, comprometido, disciplinado y orgulloso de su trabajo al servicio de la Comunidad”.

“En un mundo en que pareciera que sólo hay malas noticias, en medio de esta tan triste circunstancia que estamos viviendo descubrimos el tesoro escondido, porque no lo conocíamos, de la hermosa y cristiana familia de don Eduardo Lara Tapia y la señora Irma Soto de Lara”.

También se refirió a los hechos que mancharon este 21 de mayo a Valparaíso. “Tenemos que suplicar al Buen Dios para todos nosotros la paz del corazón. Percibo que hay ira, rabia en nuestros corazones y pareciera que sobran motivos. Tenemos que pedir al Señor la paz del corazón para poder “obrar la justicia de Dios” y no dejarnos llevar por la rabia y por los deseos de venganza. Obviamente tenemos todo el derecho a pedir justicia, a exigirla, pero por medios justos y respetuosos. Tenemos la obligación moral de exigir que se cumpla el principio jurídico que los derechos de cada uno terminan donde empiezan los derechos del otro”.

“Tengo la sensación que el modesto pueblo porteño está perdiendo la confianza en el Estado de Derecho tal como lo estamos viviendo. La gente percibe que el derecho pareciera no estar al servicio de los inocentes, al cuidado de “los ciudadanos de a pie”. Si esto así fuere, sería extremadamente grave. Por tanto todos los que tenemos responsabilidades en la sociedad, y particularmente quienes detentan los Poderes Públicos del Estado por delegación de los ciudadanos y ciudadanas de Chile, debemos reaccionar pronta y eficazmente y estar obviamente al servicio de todos, pero principalmente de los niños, de los enfermos, de los pobres y adultos mayores (que son muchísimos en nuestra ciudad) y que muchas veces se desplazan sólo a pie y en micro con una gran sensación de inseguridad”.

Finalizó sus palabras diciendo que no sólo habla como Obispo de la Iglesia Católica, sino que también como porteño. “He vivido casi toda mi vida en esta ciudad. Es decir, soy porteño “de tomo y lomo”. Y “me duele Valparaíso”. Sólo un punto quiero destacar. En un diario de hoy de nuestra ciudad se informa que desde el 1° de enero de 2011 hasta el 21 de mayo de 2016 ha habido en las calles céntricas de Valparaíso 1.032 marchas de protesta, casi cuatro en promedio por semana. Muchas de ella, probablemente la mayoría, pacíficas. Pero muchas con una violencia creciente, que culminaron en los lamentables sucesos del pasado 21 de mayo. Pero incluso las marchas pacíficas alteran la vida del centro de la ciudad, porque hay que cerrar calles, desviar la movilización, y los comerciantes y los vecinos se ponen nerviosos porque no se sabe cómo va a terminar aquello. Tienen mucha razón quienes dicen que se debe respetar el derecho de las personas a manifestarse públicamente por las calles, obviamente con la debida autorización de la autoridad correspondiente. Pero, y lo repito, el derecho de cada uno termina donde empieza el derecho de los otros, particularmente de los pacíficos ciudadanos y ciudadanas”.

Al finalizar la Eucaristía, el alcalde Jorge Castro y sus concejales entregaron la Bandera del Municipio Porteño a la viuda de don Eduardo, doña Irma Soto.

 

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