Misericordiosos como el Padre

A propósito del Jubileo Extraordinario de la Misericordia (2015-2016)

Diácono Gustavo Álamos Leal

“¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!” (MV, 5) Con estas palabras, en la Vigilia del segundo Domingo de Pascua pasado, el Papa Francisco ha convocado—por medio de la Bula Misericordiae vultus (MV)—un Jubileo Extraordinario de la Misericordia que se inició el 8 de diciembre de este año. Será un tiempo especial de gracia que el Señor querrá regalarnos. Tendremos ocasión de experimentar, con toda su bondad, la misericordia del Padre, cuyo rostro se nos ha revelado en Jesús. Estaremos llamados, una vez más, a hacerla presente en la Iglesia, y a dar muestras de ella en nuestra sociedad actual.

¿Cómo describe el Papa la misericordia?
Para el Papa, la misericordia es fuente de alegría y paz. Es el misterio de Dios Padre, que viene a nuestro encuentro en Jesús, y habita en nosotros por el Espíritu, especialmente cuando miramos con sinceridad al hermano, a la hermana. Es causa de la esperanza que tenemos de ser amados siempre por Dios, no obstante nuestro pecado. (cf. MV 1-2)

¿Cuándo se inició el Jubileo? ¿Cuándo culminará?
Se inició el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María,Madre de misericordia. Recordaremos las grandezas obradas por Dios en su Madre, fiel depositaria de su amor, y garantía del mismo para toda la humanidad.(cf. MV 3; 24)

La fecha es significativa, también, como celebración de los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II. “La Iglesia Católica […quiso] mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella” (San Juan XXIII, 11 de octubre de 1962). Este acontecimiento ha marcado, y seguirá marcando, la ruta que la Iglesia está llamada a recorrer: una vía misericordiosa, que “se vuelca en una única dirección: servir al hombre […] en todas sus condiciones, en todas sus debilidades, en todas sus necesidades” (Beato Pablo VI, 7 de diciembre de 1965). Y este servicio misericordioso, convencidos —todos— de que se realiza a Cristo mismo, el Verbo encarnado, presente en cada hombre, presente en cada mujer. (cf. MV 3-4)

El Jubileo culminará el 20 de noviembre de 2016, en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, en la esperanza de que “a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”. (cf. MV 5)

¿Cuál será el signo del Jubileo?
Será la apertura de la Puerta Santa, Puerta de la Misericordia. El Papa abrirá las Puertas Santas de las Basílicas Papales. Ha invitado a realizar el mismo gesto a los Obispos en sus respectivas diócesis, en la Catedral, o en algún templo importante (lugar de peregrinación, santuario). “El Jubileo, por tanto, será celebrado en Roma así como en las Iglesias particulares como signo visible de la comunión de toda la Iglesia”. (cf. MV 3)

Un Jubileo de la misericordia, ¿por qué?
Porque a lo largo de la historia, Dios se ha revelado como paciente y rico en misericordia. Dios ama al ser humano desde sus entrañas, “visceralmente”. Dios es Padre, con un corazón conmovido, que recuerda al de una madre. Su misericordia supera toda barrera temporal: es eterna, como eterna es su fidelidad. Dios Padre se nos ha mostrado así especialmente en “el” Hombre, en Jesús, humano rostro de la misericordia (Misericordiae vultus). “En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión […] Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes, llevan consigo el distintivo de la misericordia” (MV 6-8).

Esta es nuestra experiencia al encontrarnos con el Señor, experiencia llamada a transformarse, por la acción del Espíritu Santo, en nuestro peculiar modo de vida: “Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos […] Él ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. «Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia» (Mt 5,7) es la bienaventuranza en la que hay que inspirarse durante este Año Santo” (cf. MV 9).

Decir misericordia es decir amor, y no sólo decirlo: ¡vivirlo! “El amor […] nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano […] Como ama el Padre, así aman los hijos”. (cf. MV 9) De ahí el lema del Jubileo: Misericordiosos como el Padre.

Un Jubileo de la misericordia, porque ésta es la viga maestra que sostiene la vida entera de la Iglesia. Ella está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. La Iglesia se hace creíble a través del camino del amor misericordioso y compasivo, que comporta un ir más allá de la mera justicia. Evangelizar es anunciar a toda persona, sin distinción, la misericordia de Dios. Es motivar, con la fuerza del Espíritu, a reencontrar el camino de vuelta al Padre, en la convicción de que nuestra primera verdad es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y al don de sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Donde la Iglesia esté presente, ahí sea patente la misericordia del Padre. (cf. MV 10-12)

¿Qué nos propone el Papa para vivir este Jubileo?
Son siete sus propuestas, como las “setenta veces siete” del perdón cristiano (cf. Mt 18, 22).

  1. En el espíritu del Concilio, un encuentro más profundo y constante con la misericordia de Dios en la escucha contemplativa de su Palabra. (cf. MV 13)
  2. Reconocernos peregrinos. Un signo concreto del Jubileo es la Peregrinación, tanto haciauna de las Puertas Santas como una experiencia personal de la misericordia (cf. MV 14),como hacia las periferias. “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada, ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”. (cf. MV 15-16)
  3. Una vivencia intensa de la Cuaresma jubilar, y en específico, de la Reconciliación. “Los Pastores, especialmente durante el tiempo fuerte de Cuaresma, [inviten] a los fieles a acercarse «al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia» (Hb 4,16)”. El Papa enviará Misioneros de la Misericordia, sacerdotes encargados de hacer presente la Reconciliación y el perdón de Dios, en la Iglesia (cf. MV 17-18).
  4. Llamadas particulares a la conversión de personas involucradas en crímenes y corrupción. “¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Ante el mal cometido, incluso crímenes graves, es el momento de escuchar el llanto de todas las personas inocentes depredadas de los bienes, la dignidad, los afectos, la vida misma […] Dios no se cansa de tender la mano […] Basta solamente que ustedes acojan la llamada a la conversión y se sometan a la justicia, mientras la Iglesia les ofrece misericordia”. (cf. MV 19)
  5. Para la teología—de todos, en la Iglesia—, una reflexión más profunda acerca de la relación entre justicia y misericordia. Llegar a comprender que “Dios va más allá de la justicia con la misericordia y el perdón. Dios no rechaza la justicia. Él la engloba y la supera en un evento superior donde se experimenta el amor que está a la base de una verdadera justicia […que] es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de lamuerte y resurrección [Pascua] de Jesucristo”.(cf. MV 20-21)
  6. Sobre el sentido y la práctica de las indulgencias en el Jubileo. La indulgencia jubilar nos otorga la certeza de que la misericordia y el perdón de Dios se extienden sobre toda la vida del creyente. Es experimentar la santidad de la Iglesia que participa a todos de los beneficios de la redención de Cristo, para que el perdón sea extendido hasta las extremas consecuencias alcanzadas por el amor de Dios. (cf. MV 22)
  7. Una oportunidad para un especial diálogo interreligioso. Este Año Jubilar vivido en la misericordia puede favorecer el encuentro con judíos y musulmanes, y con las otras nobles tradiciones religiosas. Su gracia nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación.(cf. MV 23)

¿Cuál es la exhortación final del Papa, que nunca debemos olvidar?
Dejémonos sorprender por Dios. Él nos ama, y quiere compartir su vida, ¡su Santo Espíritu!, con nosotros. “Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad, podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin”. (MV 25)

Esta es la convicción de la Iglesia. ¡Esta es nuestra convicción! Vivamos este Jubileo como un regalo de Dios, que es rico en misericordia, y seamos —para los demás— misericordiosos como el Padre.

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